Una vez más, las ballenas jorobadas regresaron a su santuario

Por Victoria Curiel
El comienzo del año se caracteriza por el maravilloso encuentro con ballenas jorobadas en Cayo Levantado, Samaná.
Este asombroso encuentro solo se puede disfrutar durante la temporada de apareamiento; las ballenas llegan desde mediados de diciembre, o quizás antes, hasta finales de abril. Algunos esperan aquí la primavera, que comienza el 21 de marzo, cuando el frío del invierno comienza a amainar.En República Dominicana han llegado a tiempo y el miércoles 15 de enero inicia la temporada de avistamiento de ballenas jorobadas, un atractivo natural que aporta a la economía de las zonas costeras de Samaná, donde se concentra una gran cantidad de turistas locales y extranjeros que arriban al Banco de la Plata y al Santuario de Mamíferos Marinos.

Cada año, cientos de ballenas llegan a la costa norte de la República Dominicana para aparearse y dar a luz a sus crías en las cálidas aguas del intenso azul del Atlántico, que les brindan refugio en el templado clima tropical. Este es el inicio de su ciclo vital: apareamiento, procreación, crianza y protección. Son cetáceos gigantes, cariñosos y unidos, que recorren miles de kilómetros cada invierno en un viaje cuya ruta parece haberse transmitido de generación en generación.

Esta migración, una de las más grandes del mundo en su tipo, parte de Noruega, Islandia, Groenlandia, Canadá y Estados Unidos hacia las cálidas aguas de la provincia de Samaná, donde se pueden avistar en los meses indicados.

Un santuario de vida y esperanza

La llegada de estas ballenas, cuyo nombre científico es “Megaptera novaeangliae”, a las costas de República Dominicana nos cuenta una historia de amor, perseverancia y supervivencia: estos cetáceos, que habitan las distantes y frías aguas del Norte, llegan al extenso Santuario de Mamíferos Marinos del Banco de la Plata, el Banco de Navidad y la Bahía de Samaná, que les brinda sus 33,000 kilómetros para realizar sus ritos con total tranquilidad.

Aquí, podrás presenciar un espectáculo sin igual: los machos saltan intentando llamar la atención de las hembras, les cantan, se enamoran entre la coreografía y el romance, hasta que aceptan y se aparean.

Otras vienen a dar a luz a sus crías (lejos de las gélidas aguas de otros continentes), las amamantan y esperan a que se fortalezcan lo suficiente para resistir el viaje de regreso a casa; esa es la misma ternura y protección que nosotros mismos intentamos brindarles a nuestros recién nacidos.

Aquí aman a sus crías y las acompañan en sus primeros aleteos, y todo esto ocurre cada año desde que las vimos por primera vez. Oficialmente, fue en 1979, cuando un grupo de científicos que seguía la ruta de estos mamíferos notificó los primeros avistamientos en la Bahía de Samaná.

Gigantes del mar

Las ballenas jorobadas pertenecen a las grandes ballenas. Miden unos quince metros y pesan un promedio de 40 toneladas.

Una de las razones por las que vienen a dar a luz a sus crías aquí es que la cría, al nacer, tiene una capa de grasa demasiado fina para soportar el agua fría. Al nacer, miden entre 3.5 y 5 metros y pesan alrededor de una tonelada.

Luego, para constituir esta capa protectora y adquirir la fuerza suficiente para seguir a sus madres en el viaje de regreso, consumen diariamente unos 200 litros de leche materna. Esta leche es muy rica y nutritiva: ¡las “pequeñas” ganan hasta 45 kilos al día!

Es un verdadero placer y una gran emoción ver a la madre jugar con su cría. La ballena solo puede tener una cría cada dos años y la gestación dura de 11 a 12 meses. Viene a dar a luz a su cría justo donde la conciben. Aunque es raro, a veces ocurre que algunas crías se aparean durante la misma temporada del parto.

Cantos, saltos y emociones

En cuanto a los machos, para seducir a las hembras, cantan y saltan fuera del agua. Las ballenas tienen un oído muy desarrollado (su principal sentido) y pueden oír cantos a hasta 35 kilómetros de distancia.

¿Te imaginas cómo se sentiría saber que compartes espacio con cientos de ballenas que surcan las aguas? ¿Te imaginas tener el privilegio de ver sus saltos, sus palpitaciones, observarlas bucear o escuchar los sonidos que emiten para atraer y/o convencer a las hembras?

Las he observado muchas veces y les aseguro que me provocan una emoción indescriptible. Personalmente, he llevado a mi nieto, quien ha disfrutado muchísimo. A pesar de cierto mareo —que puede afectar especialmente a quienes no toman precauciones o no están acostumbrados a navegar—, es una experiencia que hay que vivir para creer.

Avistamiento responsable

Afortunadamente, el avistamiento de ballenas está regulado. Para cumplir con las normas de respeto a estos maravillosos animales y también por razones de seguridad, es necesario embarcar con proveedores reconocidos que cuenten con las autorizaciones del Ministerio de Medio Ambiente.

Además, se deben respetar las distancias al acercarse para observarlas y tener en cuenta la hora de salida, siendo ideal y límite, a más tardar, las 9 de la mañana, debido a las condiciones del mar y a que por la tarde hay mayor afluencia.

Se recomienda tomar una pastilla de dramamina u otro medicamento contra las náuseas y los mareos. También existe un observatorio, promovido por los Ministerios de Medio Ambiente, Turismo y el clúster turístico de la provincia, desde donde se pueden observar las ballenas con binoculares. Esta es una opción para quienes no deseen embarcar.

¡Vive la aventura!

touring

Touring - Dominican Republic

You May Also Like

Leave a Reply