Nochebuena en una cueva. Una deliciosa opción

¡Llegó la Navidad! Y claro, hay dos días especialmente mágicos: el día de Navidad (25, que celebramos desde el 24) y Año Nuevo. Época de regalos, de recordar el nacimiento de Jesús, que marcó los tiempos, momento de sueños y esperanzas, de nuevos comienzos e ilusiones, un tiempo lleno de razones para brindar.

Hoy, con motivo de estas celebraciones, que suelen ser las más grandes y masivamente celebradas del año, les invito a un interesante lugar, emblemático, tradicional en el sentido de que todo se hace en casa (desde el pan inicial, hasta los postres y el café final) e innovador, porque ¡no deja de inventar! Se trata del Mesón de la Cava, “uno en un millón”, como dice su lema. Y la invitación es disfrutar el fiestón de lujo que ofrecen en Nochebuena en esta cueva donde los taínos dejaron su impronta (hay varios utensilios de su época hallados en este lugar), así como lo hicieron luego piratas y bucaneros (a uno de ellos se suele achacar la interesante escultura realizada en una de las estalagtitas). También fue refugio de gavilleros, depósito de municiones y … de estadounidenses durante la intervención) Bueno, el caso es que en 1966, Otto Ricart y un grupo de amigos decidieron usar el espacio como una “boite”: tragos y tapas en un ambiente relajante que fue creciendo hasta convertirse en restaurante. ¡Cómo pasa el tiempo, ya se van a cumplir cincuenta años de eso!

Nada, que quiero hablarles de su propuesta para las navidades y regreso a la historia y al bello lugar en que me encuentro. Esta cueva, aunque se llame “mesón” es mucho más…  hermosa, climatizada, con capacidad para 130 personas en su interior, no necesita mucha decoración. Tiene lo necesario (ves el techo y crees que todo es decorativo, pero no… la “decoración” es útil: está pensada para evitar que los invitados se mojen o que haya charcos, porque las cuevas de piedra caliza destilan agua… y entre las rocas puedes ver gotitas y escuchar su sonido relajante.

Hay una enorme lámpara en el techo, y un gran el jarrón, lleno de margaritas silvestres, preside el salón. Pero ya saben que las cuevas no son lisas, tienen recovecos, y uno de ellos aquí es una mini cueva dentro de la cueva: el ya famoso “rincón de los enamorados” con una única mesa para dos personas, donde se han hecho muchas declaraciones de amor. Hace años que no venía, así que recorro todo de nuevo. Ahora tiene ascensor, lo que facilita el acceso, y una terraza al aire libre con varios niveles, donde de martes a sábado hay música en vivo, normalmente suave, para poder conversar mientras se disfruta de tragos, pinchos o comida, pero en Navidad, como este país es tan animado, tocan música más movida y algunos comensales se animan a bailar…

Ver el cielo en esta terraza “hija de la cueva”, con la hermosa y abundante vegetación natural que la caracteriza, hace a uno sentirse en una especie de mini selva (no diría bosque húmedo porque el gran árbol de almendro se podría sentir mal).

He llegado por el Mirador, su entrada principal, y bajé la escalera de caracol hecha en piedra con baranda de madera, después de volver a mirar algunas de las piezas paleoindias, taínas e incluso artefactos coloniales que se fueron encontrando en el proceso de acondicionar este lugar.  Justo al bajar está el bar y de ahí puede optar por quedarse en la cueva o disfrutar la terraza, lo cual puede hacer incluso si llueve, pues techos de acrílico protegen las áreas donde están las mesas sin quitar visibilidad. En el área exterior hay rincones para fotos, esas “mini cuevas” dentro de la cueva siempre lucen bien.

Los camareros vienen y van mientras camino con una copa de sangría, deliciosa. Luego el gerente, Ricardo Jorge, me acompaña. Gracias a él pruebo algunos de los platos navideños, como por ejemplo la ensalada de pera con queso de cabra, una rica y novedosa entrada que formará parte de la oferta en el menú para fiestas,  que incluye un bufé con ¡treinta platos!, informó el chef. La “ensalada” es ligera y agradable, algo exótico, suave al paladar y de textura grata. Antes probé el pan artesanal, hecho en su horno de leña, fresco, con una mantequilla alioli. Si vendieran pan seguro lo compraría para casa. Luego, como quería probar especialidades, me ofrecieron un salmón a la tabla que estaba para morirse, ¡delicioso! ¡fresquísimo!, suave, bien sazonado, con un puré de papa y yuca gratinado… Háganme caso y pídanlo, coman lento, saboreando, con una copa de pinot grigio, para maridar sabores con cuidado y seguro les saldrá un ¡mmmm! desde lo profundo de su garganta.

Si se quedaron en la cueva, la iluminación, los detalles en las paredes, las gotitas de agua que a veces se escuchan y no mojan, de seguro complementarán el momento. Si están en la terraza, la música, las plantas, el cielo… harán lo suyo a quien se deja envolver.

Los meseros van de un lugar a otro, vestidos de blanco y negro, con mandiles a la rodilla, y pueden responder a sus preguntas sobre lo que sirven, como lo hizo el mío (Juan Francisco) quien me explicó todo lo relativo al salmón en tabla de cedro con “mostaza anciana”, sirope de arce y “sabor fino de palo de guayaba”, que estaba delicioso. Y hablando de guayaba, mi postre fue un “crust” de guayaba con helado de vainilla, muy, muy rico, aunque no sea del menú festivo.

Cierro de nuevo con la invitación navideña: Fiestón, bufé de treinta platos, música en vivo, abierto desde las 6:00 de la tarde el día 24, por 1 450 pesos por persona más impuestos. Pero todo diciembre hay pavo relleno, cerdo o pollo horneado, pastelones, pasteles en hoja y todo lo típico de la época. Puede elegir entre tres menús plateados y cuatro menús de bufé.  También el 31 habrá fiesta.

Claro, los demás días, vaya y pida algunos de sus platos emblemáticos: pulpo a la brasa, chivo horneado con chenchén, filet mignon tradicional, pescados al coco, “carnitas criollas”, asopao de Boca del Yuma (de camarones, de langosta)… Y de postres el fundido de dulce de leche y el derrumbado de chocolate son de los que más gustan, pero invente, que hay más. Los domingos tienen “día familiar”, y sirven más cosas del país (uno de los platos más buscados es el sancocho “Buche de gallo”.  También tienen “happy hour” todos los días de 5:00 a 8:00 a mitad de precio y dos pizzas por el precio de una.

Primicia: como ya dije, en El Mesón de la Cava viven innovando. La terraza, el ascensor, el frente del restaurante, y su nuevo “hijo”, Improntus, que pronto abrirá. Es una especie de centro de información (mayormente cultural) donde ilustrarse mientras se toma un trago y disfruta unas deliciosas tapas… es para turistas, si tomamos en cuenta que todos somos turistas (hay turismo interno también). El concepto incluye la idea de celebraciones “flash”, como un cumpleaños, un coctel, algo rápido que surge de pronto, “in prontus”, de ahí el nombre.

Por Miriam Veliz

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