GaiaTree, una invitación a conectar con uno mismo y con otros, un llamado a la felicidad

Ha llegado el tiempo de dedicarnos a nosotros. Tiempo para “Comer, rezar, amar”, como el título de la película protagonizada por Julia Roberts. Hoy la invitación está bastante alineada con eso… Los voy a llevar a un lugar llamado GaiaTree.

Se trata de una casa de ambiente agradable y pacífico en el centro de la ciudad, un sector llamado Julieta, a donde llegué gracias a una invitación: había llegado Julius Mwabuki, un joven de Tanzania, a dar charlas sobre la meditación de luz y sonido, y a iniciar, libre de costo, a quien quisiera, porque la meditación lleva a la libertad y no hay requisitos que esperar o que cumplir para empezar ese camino. (Curioso, de África trajimos esclavitud y él trae libertad, me gusta). Yo estaba interesada.

Me llamó la atención el nombre del lugar, juego de palabra y sonido, porque siendo Gaia como se le llama a la Madre Tierra, el nombre literalmente significaría “árbol de Gaia”, pero a la vez al pronunciarlo suena Gayatri, que es un poderoso mantra (sonido) usado en meditación para pedir que su luz divina ilumine nuestro intelecto, algo que, por supuesto, yo quiero.

La verja de la entrada es la figura geométrica conocida como “la flor de la vida”, y los cuadros dentro de la casa son hermosos, uno de ellos tiene precisamente el mantra gayatri.  Al entrar nos piden dejar los zapatos y entrar al salón de meditación descalzos.

El visitante va así empezando a ubicarse, darse cuenta de que no está en cualquier lugar. Quizá es una forma de hacernos sentir que el terreno que pisamos es sagrado… porque vamos a conectarnos con la parte más sagrada de nuestro ser… Hay té en una esquina antes del salón al que entro enseguida. Hay una alfombra grande, redonda y colorida con la flor de la vida y, en un rincón, velas y un ligero aroma a incienso. Me siento en una de las sillas dispuestas para el encuentro y al poco rato inicia un joven. De raza negra, delgado, no alto, lo rodea un aire de timidez y humildad. Empieza a hablar y su voz es suave, dulce, su sonrisa hermosa y su palabra sabia e impretenciosa. Es Julius, la razón por la que estoy.

Interesantes palabras, mensajes alentadores y comprometidos, estiramiento, un mantra y un equipo que empieza a iniciar a todos los que nos hemos reunido en este lugar del que les quiero hablar y que inició, hace apenas un año, una joven interesante y vivaz, llena de gracia: Mariela Castillo, con la ilusión de ayudar a despertar el fuego interior que hay en cada uno, “a conectar con la fuente infinita de creatividad, felicidad y armonía propia que reside en cada uno de nosotros”, dice.

La casa es un lugar abierto, un espacio donde para participar en meditación o iniciaciones no se cobra, se pone una especie de dulcerita en la que quienes asisten pueden dejar su contribución para ayudar a mantener este espacio que se sostiene con el pago por todos los demás servicios holísticos y terapeúticos que ofrecen además de  la enseñanza de la meditación: clases de yoga de muy diversos tipos y para diferentes necesidades  (terapéutico, restaurativo, para niños, embarazadas…) e intereses (kundalini, yin, hatha, rocket, vinyasa….) arte, medicina natural, masaje energético, además de cursos y talleres de meditación, atención plena, respiración consciente, pranayamas, sonoterapia, aromaterapia y sanación interior, balance y “coaching”, consultas y asesoría holística y espiritual, programación neuro-lingüística (PNL), coaching de vida, asesoría en bienestar integral para negocios. En resumen, un centro para el desarrollo personal.

Me llamó la atención su servicio en nutrición y salud, porque la medicina estética y salud de la piel es una cosa, pero ¿nutrición por ADN y epigenética?, pues sí, aquí hay personal especializado en estas áreas. Además, tienen salones de entrenamiento sobre bienestar corporativo, el arte de leer el rostro, alimentación consciente, “mindfulness”… dan charlas motivacionales y según me contaron, además coordinan eventos y rentan espacios para actividades y reuniones.

La chica “se las trae”. Mas o menos a los 18 años se inició en el camino del yoga y la meditación; en la universidad estudió diseño y publicidad, trabajó en “marketing” (fue “Brand Manager” de diversas marcas de empresas multinacionales y consultora para organizaciones internacionales como UNICEF, UNOPS, etc.), bailó, pintó, viajó, jugó, “fracasé, tuve éxito, me caí, me levanté, y siempre escuché mi voz interior. Todo esto para entender que a fin de cuentas solo busco conectar con algo que me trascienda”.

Se certificó en Motivational Life Coaching, Master en Programación Neuro Lingüística, Neuro-Semántica, Psicología Metafísica, Sanación Energética, Hipnosis, Regresiones, Yoga, Mindfulness, Meditación, entre otras técnicas y filosofías. “Me he dedicado a asesoría y consultas, a enseñar desarrollo personal y espiritualidad, meditación y yoga”. En India se también como profesora de Ashtanga Yoga, Hatha Yoga y Vinyasa; en Thailandia estudió Thai Yoga Therapy. Luego se certificó como instructora de AeroYoga, yoga prenatal etc. Estudió desarrollo personal, psicología metafísica, hizo maestría en programación neurolinguística (NLP), neurosemántica, regresiones a vidas pasadas, conexión con el ser superior y “holistic life coaching”, y según cuenta aprendió el arte de la curación con dos grandes maestros en Nepal y Panamá.

El pasado mes su centro hospedó al “joven” de quien les hablé en el comienzo, Julius Mwabuki (pongo joven entre comillas porque parece de 20-25 años pero tiene 50, dice que rejuveneció con esta meditación). Él la inició en luz y sonido hace poco más de un año. Julius está recorriendo América Latina en un proyecto maravilloso que pretende ayudarnos a reconocer nuestra luz, a conocernos  -porque es conociéndonos como logramos la plena libertad- y a ayudar al mundo. Claro, no está solo en la tarea. Cada vez son más los que se unen, cómplices en lo bueno. Aquí sigue un grupo con la meditación y las iniciaciones.

A quienes les interese la meditación, el crecimiento personal o los servicios de GaiaTree, les dejo su dirección: calle David Masalles 19B, Julieta, Santo Domingo (en internet está teléfono, whatsapp, página web, FB, IG)… y les deseo un hermoso despertar. ¿Quién les iba a decir que unas vacaciones encontrarían este tipo de “spa” para el alma? Es tiempo de comer, rezar, amar… vida en plenitud, ¡en libertad!

Por Miriam Veliz

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